Loma Negra, el equipo que fue sensación de la mano de un gran plantel y la fortuna de Amalita Fortabat, prepara su regreso

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Amalita Fortabat festejando con los jugadores en 1981

“Vale que lloran sus ojos lágrimas de cemento, viendo escaparse los sueños, como los vientos”. A mediados de la década del ’70, en Barcelona, a muchos kilómetros de distancia de Olavarría, Joan Manuel Serrat escribía estos versos para la canción “Caminito de la obra”, donde reflejaba las desventuras de los obreros de su tierra. Sueños en medio del cemento, como los que edificó Loma Negra, allá por los inicios de la década del ’80, con un equipo que fue sensación. Luego llegó el ostracismo. Una desaparición de las grandes marquesinas, tan fulgurante como su aparición. Una ciudad que supo ser epicentro de grandes partidos, con apellidos de cracks rutilantes, se quedaba con las manos vacías. Llorando lágrimas de cemento y viendo escaparse los sueños como los vientos.

Loma Negra está de vuelta. Una sonrisa se nos dibuja a todos los futboleros, que recordamos con alegría aquellos tiempos, cuando el equipo de Amalita Fortabat, se sentó a la mesa de los grandes. Ya no está ella, ni su fortuna, ni la empresa detrás. Fueron los socios y los hinchas, los que pusieron el hombro, para que el club esté nuevamente de pie y jugando en forma oficial.

Félix Orte, Carlos Squeo y Mario Husillos en el Monumental

“Volvió Loma Negra y eso es lo más importante”, nos dice Gaspar Verna, el encargado del fútbol profesional, con lógica e indisimulada alegría. “Que ahora se esté hablando de esto, significa que el equipo fue importante, generó disrupción en una época y que regrese, es una noticia. Estamos de nuevo en condiciones de competir y lo haremos en el Regional Federal Amateur, siendo más austeros y humildes, ya que no existe más vinculación con la empresa cementera y todo se hacer a pulmón. Con mucha gestión de los recursos y con la idea de poder generar un proyecto atractivo para que Loma Negra se transforme en un club seductor para empresas, que nos permita seguir creciendo. Queremos volver a ser grandes como en los ‘80”, explica.

Aquellos torneos Nacionales, que federalizaron nuestro fútbol. Al principio, con enormes diferencias en favor de los cuadros que disputaban el Metropolitano, ya que los del interior, muchas veces, eran conformados por elementos amateurs. Poco a poco, la brecha se fue achicando, hasta llegar a cierta paridad. Talleres de Córdoba, a partir del ’74, plantó la bandera y muchos se fueron animando a jugar de igual a igual.

Equipo del Nacional 1981. Carlos Squeo, Enrique Belloni, Luis Barbieri, Miguel Lemme, Osvaldo Cristofanelli y Jorge Pellegrini. Abajo: Félix Orte, Osvaldo Mazo, Mario Husillos, Jorge Vázquez y José Scalise

La temporada ’81 no fue una más en el fútbol argentino. Fue la de un pase que generó conmoción: Maradona a Boca. También se produjo la llegada de Kempes a River. Loma Negra comenzó su año con la idea de poder llegar al Nacional, que arrancaba en septiembre, conformando un muy buen plantel. Uno de ellos fue Mario Husillos, que así lo recuerda: “Había debutado en la primera de Boca muy joven e hice varios goles. Fui al fútbol español, donde actué en el segundo equipo del Real Madrid y al regreso, estuve nuevamente en el cuadro Xeneize, pero sin mayor continuidad. Ir a Loma Negra en 1981 era una apuesta arriesgada, porque si bien había muy buen dinero, en principio era para disputar el Regional con el objetivo de llegar al Nacional. Me animó el hecho que también iban para allá hombres como Carlos Squeo, que había sido compañero mío en Boca, Luis Barbieri y Jorge Gallego Vázquez de Atlanta y Ricardo Lazbal de San Lorenzo, entre otros”.

La clasificación fue una realidad. La presencia de Amalia Lacroze de Fortabat en los distintos medios, hablando del equipo, lo ponía en el foco de atención. Ella tendía una injerencia muy importante y en esa dirección va esta anécdota contada por Husillos: “Nos tocó debutar nada menos que contra el Ferro de Griguol que venía de ser subcampeón y era un gran equipo. Yo era el capitán y antes del partido vino Amalita a preguntarme qué premio habíamos arreglado. Cuando le dije la cifra, dijo que no, que de ninguna manera. Si ganábamos, teníamos el triple y un mexicano de oro para cada uno. Tuve la suerte de hacer el gol con el que ganamos 1-0 y el Negro Lemme, que había llegado desde Tigre y era un personaje divertido, me consultaba: ‘¿De verdad esto lo pagan Mario?’ (Risas). Por supuesto que al día siguiente cobramos sin inconvenientes. En ese aspecto, era increíble el respeto y el orden. Y la motivación, por supuesto”.

Salida de los equipos en el histórico partido ante Unión Soviética

Loma Negra fue la gran sensación del Nacional ’81. Llegó a la última jornada de la fase de grupos superando por un punto a River y con una enorme chance de clasificación, que se le escapó de manera increíble: “Nos faltó solo la puntada decisiva -rememora Husillos-. En la fecha final debíamos ganarle a Talleres en casa para avanzar a los cuartos de final y eliminar a River. Empatamos 0-0, ellos ganaron en Junín y luego fueron los campeones, superando en la final a Ferro, el otro equipo de nuestra zona que también avanzó, lo que demuestra lo durísimo que fue ese grupo”.

Gaspar Verna no vivió la época de oro. Tiene apenas 27 años, pero desde chico supo de aquellas hazañas. Ahora la tecnología, le permite estar cerca de los momentos legendarios: “Gracias a las redes, estamos trayendo del recuerdo, muchas de las cosas que hizo Loma Negra, los equipos a los que se enfrentó y a quienes le ganó. Porque no es normal que haya derrotado a Nacional de Montevideo, que poco tiempo antes se había consagrado campeón de la Copa Intercontinental o la histórica victoria ante la Unión Soviética”.

Dirigentes y jugadores actuales

El cuadro de Olavarría no se clasificó para el Nacional ’82. Había un plantel costoso, que, para esa temporada, solo le quedaba el desafío del Regional, para lograr un lugar en el Nacional ’83. Entonces, disputó muchos amistosos. Sin dudas, el más trascendente fue el que tuvo lugar el sábado 17 de abril en horas del mediodía, a pocos días del inicio de la guerra de Malvinas. Unión Soviética, estaba en plena preparación para el Mundial y visitó la ciudad. Ostentaba un extenso invicto, ya que no perdía desde 1979. En ese lapso había logrado empatar con Argentina en Mar del Plata a fines del ‘80, venció a Francia en Moscú y a Brasil en el Maracaná. El cachet que obtuvieron fue de 30.000 dólares. Fue una jornada inolvidable, como quedó en la memoria de Husillos, que fue el autor del único gol: “Llegaron con mucho ruido, luego de empatar 1-1 con Argentina en la cancha de River, partido al que fuimos para poder verlos. Olavarría fue una locura en esas horas y más aún cuando terminó con la victoria nuestra por 1-0, hecho que es recordado hasta hoy como algo histórico y considerado como el momento cumbre del deporte para la ciudad”.

El retorno al fútbol grande se dio en marzo del ’83, con el inicio del Nacional. A la muy buena base que ya tenía, se sumaron excelentes elementos como Luis Galván, la Pepona Reinaldi, y Pedro Magallanes. Éste último fue protagonista de un momento trascendental en la historia de la institución y de una gran anécdota, como le contó a Infobae: “Estuve en la lista de la primera convocatoria de Carlos Bilardo, quizás por cumplir uno de sus preceptos fundamentales: era un futbolista polifuncional. Se dio una situación especial con los entrenamientos que eran de lunes a jueves en el predio del Sindicato del Seguro en Ezeiza y yo vivía en Olavarría. Cuando la señora de Fortabat se enteró que un jugador de su club estaba en la selección, me dio su helicóptero para que pudiese viajar todas las semanas. Los muchachos me decían Oaky, por el personaje de la serie Hijitus que tenía un padre multimillonario (risas). Aterrizaba en Palomar y de ahí en una limusina me llevaban a la práctica. Tuve la mala suerte que al poco tiempo me desgarré en una práctica y estuve tres meses hasta poder curarme, al punto que me tuvieron que operar. Lamentablemente no pude jugar ningún partido”.

Como entrenador fue contratado Roberto Marcos Saporiti, quien ya tenía una vasta experiencia. Para él, fue una grata experiencia su paso por el club de Olavarría: “Me encontré con una gran organización que había dejado don Valentín Suárez. El contacto me lo había hecho el coronel Luis Prémoli, que era la mano derecha de Amalita, a quien enseguida conocí, porque ella quería saber cómo era yo en la faz personal. Una mujer increíble, muy culta, con mucho mundo. Otro nivel. Solía ir a ver las prácticas y llegaba en helicóptero, que lo aterrizaban en medio de la cancha donde estábamos entrenando. Algo poco habitual y que no me simpatizaba demasiado. Me contaron que Prémoli una vez le dijo: ‘Mire que eso a Saporiti no le gusta’. Y la señora respondió: ‘Entonces está perfecto, hagamos como dice él, que me cae bien y, además, habla francés’ (risas). Con Amalita solo hablábamos en ese idioma. El tema es que, a la vez siguiente, la nave bajó, pero en la cancha de al lado. Ella se quedó mirando desde atrás del alambrado. Yo hice lo que correspondía. Paré y les dije a los muchachos que vayan a saludarla. Ella nos seguía desde donde estuviese. Si se encontraba en Europa, buscaba la manera que le hagan llegar la transmisión de radio para escucharla”.

El equipo realizó un buen torneo, hasta que inesperadamente fue eliminado por Racing en los octavos de final, al caer estrepitosamente por 4-0, luego de haber ganado la ida en Olavarría por 2-1. Allí se terminó la magia. Amalita se cansó del mundo del fútbol y decidió encaminar esa parte de sus inversiones en otros negocios. Como en el tango, el nombre Loma Negra, quedó flotando en el adiós, abriendo las puertas de los mitos y las leyendas.

El defensor Mateo Mendía, surgido de Loma Negra, muestra la camiseta del club de Olavarría junto a sus compañeros de Boca

Hasta que en este 2025, con las ganas y la voluntad de su gente, entró otra vez en el radar del fútbol oficial, como lo explica Gaspar Verna: “La situación del club es muy buena, con una importante dinámica diaria. Cada deporte tiene una subcomisión trabajando. En lo que hace al fútbol, soy parte de un grupo con la responsabilidad de afrontar la inversión que se requiera para la competencia que tengamos por delante y el hecho de sostener un plantel de 35 jugadores. No hay ningún mecenas. Somos un club que trabaja día a día. El gran objetivo es poder llegar al Federal A, pero tenemos los pies sobre la tierra y, en principio, aspiramos a ser competitivos”.

Aquellas lágrimas de cemento que Serrat escribió en Barcelona, se hicieron realidad en Olavarría. Pero ya son recuerdo. O quizás, hayan cambiado. Y ahora sean naturales y de felicidad, porque Loma Negra está de vuelta

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