Hace 40 años se iniciaba el verdadero camino a México ‘86: el increíble operativo Tilcara de Bilardo y la predicción de Maradona

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Ricardo Bochini y Jorge Comas llegan de manera muy particular a una práctica

No estaban juntos. Pero lo estaban. Cada uno con su familia, en el primer minuto de 1986, levantaron la copa al mismo tiempo. Y como si se hubiesen puesto de acuerdo, cerraron los ojos por un instante y los hermanó el deseo. No se lo dijeron a nadie, pero al chocar los cristales, en ese ameno y ancestral rito, rogaron por un Mundial de México que los pusiera en la cumbre. Habían trabajado mucho por ello. Cada uno a su manera, pero en la misma vereda. Las críticas, a veces lacerantes, otras justas, llegaban desde todos los costados, pero ellos eran un bloque sólido desde aquella reunión fundacional de Barcelona, en marzo del ’83. En el instante que las agujas del reloj de 1986 comenzaron a girar, Diego Armando Maradona y Carlos Salvador Bilardo, estaban abrazados a la distancia. Como lo estarían en una dulce realidad, seis meses más tarde, sobre el césped del Azteca. Pero para llegar ahí, todavía quedaba un largo y empinado sendero.

El camino a México ’86. Atrás habían quedado las eliminatorias, sufridas hasta el paroxismo, con el agónico gol de Ricardo Gareca ante Perú, empujando la pelota sobre la línea, tras el rebote en el poste, luego de la corajeada indeleble de Daniel Passarella. Faltaban diez minutos y el Monumental ardía. En gritos que clamaban por garra a los jugadores e insultos para Bilardo. Argentina necesitaba sacar un solo punto en los dos partidos finales ante los peruanos. Perdió en Lima 1-0, en el lamentable Maradona – Reyna Gate y como locales, en el gris domingo 30 de junio del ’85, se puso en ventaja, pero se le dieron vuelta. El 1-2 condenaba a un repechaje con otros tres países del continente, con destino impredecible.

Carlos Pachamé tomándole la presión a Oscar Ruggeri ante la presencia del doctor Madero

Se selló el pasaporte a México, pero las dudas y las polémicas continuaron. Envalentonado por su jugada salvadora y sus años en la Selección, Passarella le exigió esa misma noche al entrenador su confirmación como titular. El doctor se mantuvo firme, diciendo que el único con el puesto asegurado era Maradona.

Pasó mucho tiempo sin que la Selección jugase. Casi cinco meses eran demasiados, sobre todo para un equipo que no conformaba a casi nadie. El regreso fueron dos amistosos a mediados de noviembre con México, uno en Los Ángeles y el otro en el Azteca. Ambos tuvieron como denominador común el score (1-1) y la actuación de Argentina (muy mala). Para el segundo, Bilardo se decidió por alistar a tres defensores y poner a Diego Maradona, Ricardo Bochini y Claudio Borghi desde el comienzo. Sin embargo, la pobreza fue alarmante y las críticas eran letales. Se le caían encima jugadores, entrenadores, periodistas y el público en general, que no entendía a que jugaba el cuadro nacional, a tan poco tiempo de la Copa del Mundo.

Claudio Borghi a punto de convertir un gol en uno de los dos amistosos que jugó la Selección en su estadía en Tilcara

El Narigón seguía adelante, firme y seguro, aunque daba la impresión que los jugadores no terminaban de sintonizar la idea. En el mes de diciembre fue de invitado a una célebre emisión del ardoroso programa “Polémica en el fútbol” que se emitía los domingos al mediodía por Canal 13. El conductor de ese día era Rafael Olivari, más Menottista que el propio Menotti. La cosa no iba a ser tranquila. Lo acusó al director técnico de mandar gente a la tribuna del programa, unas semanas antes, a insultar a quienes opinaban en su contra.

Bilardo se levantó y se enfrentó al público, señalando a cada uno con el dedo y remarcando que no conocía a nadie. Las atiborradas gradas bramaban y parecían que se le iba a caer encima. Sobre el final, alguien desde allí le gritó algo con respecto a llegar a la final del Mundial. Y Carlos no dudó: “Yo te aseguro a vos. Y vengo acá después de campeonato mundial, como viene siempre. Yo te pongo la firma, que donde vamos nosotros, estamos siempre arriba. Yo no soy perdedor. Soy ganador”. Así concluyó el atribulado ’85. Quedaban cinco meses por delante antes del debut, que el sorteo había determinado para el lunes 2 de junio ante Corea del Sur.

El lunes 6 de enero se inició uno de los momentos más increíbles del ciclo. A las 7:10 am, desde el Aeroparque Metropolitano, partió una delegación que tenía como destino final la ciudad de Tilcara, para comenzar la aclimatación a las condiciones con las que se iban a encontrar en México. Los 14 futbolistas designados fueron Luis Islas, Néstor Clausen, José Luis Brown, Oscar Ruggeri, José Luis Cuciuffo, Oscar Garré, Sergio Batista, Ricardo Giusti, Ricardo Bochini, Carlos Tapia, Claudio Borghi, Sergio Almirón, Oscar Dertycia, y Jorge Comas. Estos dos últimos serían los únicos en quedar fuera de la lista del Mundial.

Ricardo Bochini, Claudio Borghi y Carlos Tapia junto a un grupo de música del lugar

Hubo dos bajas de último momento por lesiones. Nery Pumpido, que aún no estaba recuperado de los golpes sufridos en un accidente automovilístico en la provincia de Santa Fe y Miguel Ángel Russo, quien el viernes anterior había sido intervenido de una cirugía menor en la rodilla derecha, donde se le extrajeron pequeñas partes del menisco. El doctor Madero lo autorizó a realizar la rehabilitación en la ciudad de La Plata. Nadie podía suponer que la recuperación demoraría más de lo esperado y eso lo terminaría dejando fuera de la Copa del Mundo.

Apenas arribados, fueron recibidos por Carlos Snopek, el gobernador de la provincia de Jujuy y luego comenzaron el viaje hacia Tilcara. Allí se hospedaron en un hotel, que cubría las necesidades básicas, despojado de cualquier lujo. Era un bello paraje para el turismo, pero seguramente, más de un futbolista se habrá preguntado que hacía allí con el intenso calor. En una humorada con los pocos periodistas presentes, Bilardo sentenció: “Creo que encontré la solución para no volverme tan loco: vivir sin teléfono”. Y era una realidad, porque la ciudad estaba casi desconectada del mundo. Sólo contaba con 29 aparatos telefónicos, los cuales carecían de utilidad a partir de las 21 horas, porque allí terminaba el turno del operador…

Bochini maniobrando en el marco del paisaje de Tilcara

Han pasado 40 años y resulta increíble que un grupo de jugadores, en su gran mayoría pertenecientes a equipos grandes y ya consagrados, hubiesen estado en esas condiciones. Parece de ciencia ficción en estos tiempos de super profesionalismo y mega comunicación. En diálogo con Infobae, el Checho Batista recordó aquel momento: “Solo ese grupo pudo afrontar semejante experiencia. Carlos nos había mentalizado tanto de lo que significaba ser hombres de selección, que nos bancamos todos esos días en una ciudad muy linda, pero donde no había nada, a diferencia de ahora que es distinta. No había otra cosa que hacer que correr y jugar al fútbol. La gente no tiene noción de los lugares donde entrenábamos. Era pura tierra y si encontrabas una mata de pasto, te sacabas una foto para ver que era cierto (risas)”.

Además del doctor Bilardo, el cuerpo técnico estaba integrado por Carlos Pachamé, el profesor Ricardo Echavarría y el doctor Raúl Madero. Éste fue quien convenció al Narigón de sumar a un colega, Bernardo Lozada, médico especialista en alto rendimiento, quien desde Tilcara dejaba en claro el objetivo: “Este trabajo no es para México ’86. Esta aclimatación que conseguiremos con los jugadores se pierde en 48 horas si bajamos al llano. Lo que aquí se vino a realizar es un estudio de altura con miras al Mundial, aprovechando el receso del torneo local ya que en Tilcara se dan condiciones similares de altura y temperatura que Argentina va a encontrar en la Copa del Mundo. La aclimatación se va a logar cuando el plantel se instale en México. Aquí hablaría de adaptación psicológica. Cuando el jugador vence a la altura, ya no le teme más”.

Plantel y cuerpo técnico en la geografía de Tilcara. Parados: Raúl Madero, Carlos Bilardo, Ricardo Bochini, Ricardo Giusti, Claudio Borghi, Oscar Dertycia, José Luis Brown, Sergio Batista, Luis Islas, Oscar Ruggeri, Ricardo Echavarría y Carlos Pachamé. Abajo: Carlos Tapia, Jorge Comas, José Luis Cuciuffo, Sergio Almirón, Néstor Clausen y Oscar Garré

Sergio Batista también evocó el esfuerzo que significaban las prácticas: Trabajábamos en tres turnos: 8 de la mañana, 12 del mediodía (con 40 grados porque era enero) y luego a las 6 de la tarde. Fue una odisea, pero hay que reconocer que nos hizo muy bien como preparación para el objetivo de jugar con calor y altura. Vino un periodista francés a hacer la cobertura y dijo: “Si corren así en México, son campeones del mundo”.

La Selección hizo dos partidos de entrenamiento contra combinados locales, en horas del mediodía, en la cancha de Estudiantes de Humahuaca, donde el pasto era la ausencia más presente. Tierra, piedras y un menú inagotable de pique irregulares. Ambos fueron triunfos (5-0 y 5-1), que dejaron un recuerdo imborrable en los lugareños, de ver en acción la magia de Bochini, la presencia del Batista, la habilidad de Tapia, la calidad de Borghi y los goles de Comas.

En su autobiografía “Doctor y campeón”, Bilardo reconstruye un momento muy especial de aquella travesía por el norte: “También hubo tiempo para divertirnos. Un día llegó un micro con turistas de la ciudad de Rosario y se organizó una fiesta en un salón situado a cuatro o cinco cuadras del hotel. Les di permiso a los muchachos para concurrir, con la condición que regresaran a la una de la madrugada, a más tardar. Como quería asegurarme que todo estuviera bien, me disfracé de mujer colla, con una polera negra, alpargatas y un sombrero típico que me consiguió una vecina del hospedaje y me fui a la reunión. Al llegar, todos los muchachos estaban bailando. ¡Nadie me reconoció! Fui hasta el centro de la pista y me puse a bailar con ellos. En un momento, me acerqué despacito a Ruggeri. ¡Se pegó un susto bárbaro! Le anuncié que podían quedarse hasta las tres porque todo estaba muy lindo: el lugar y el ambiente”.

El Tata Brown, Ricardo Bochini, Luis Islas, Oscar Ruggeri y Oscar Garré durante un entrenamiento

Como suele suceder con estas historias, el tiempo aumenta las leyendas. Una de ellas, quizás la que más trascendió, tiene que ver con la aparente promesa de los jugadores a la virgen Copacabana del Arba de Punta Corral, de la que la mayoría de los habitantes de la zona, eran muy creyentes. Los lugareños aseguran que un grupo de futbolistas dijo que, si la virgen era tan milagrosa, le iban a ir pedir que los ayudase a ganar el Mundial y luego volver en agradecimiento. Para los jugadores, se trató de un invento de alguien de allí, que se potenció porque luego de México ’86, Argentina no volvió a ser campeón hasta Qatar 2022. El doctor Bilardo, dejó su opinión: “Fue un vivo de ahí que lo inventó y quedó picando. Llamé a los muchachos y les pregunté si habían prometido eso y todos me dijeron que no y que nadie dijo de volver a Tilcara”. Sin embargo, varios de ellos regresaron con el paso de los años.

Fueron diez días inolvidable, por lo bueno y lo malo. Pero que sin dudas sirvieron para la aclimatación y perder el famoso temor a la altura, por los gloriosos resultados en tierra mexicana. Al regreso, se reanudó el torneo local, que era el primer campeonato por temporadas del fútbol argentino, ganado con gran comodidad por el River que dirigía el Bambino Veira. Para Bilardo era la satisfacción del deber cumplido, a partir de un objetivo que, como la mayoría de sus ideas, tenía grandes opositores.

A la cabeza, por supuesto, César Luis Menotti. Que insistía con el tema de no darle demasiada importancia a los rivales y que nos había tocado la zona más fácil: “Del tercer y cuarto bombo nos tocaron Bulgaria y Corea, los más accesibles. Ojo, si nos preocupa Corea más de lo razonable, estamos en problemas. Si Argentina tiene posibilidades o no, lo podré decir cuando vea el equipo y sepa a que intenta jugar”. También hacía referencia a los jugadores que no debían faltar, como Ramón Díaz y Tarantini, hombres identificados con él y que todo el mundo sabía que no serían convocados por Bilardo

Claudio Marangoni, extraordinario volante central de Independiente, que había sido parte del plantel hasta mitad del ’84 y Nito Veiga, técnico de San Lorenzo, también fueron duros críticos del cuadro nacional. Un Maradona 100% salió al cruce de los que vertían sus opiniones en contra: “Tengo lástima de todos esos tipos que hablan por hablar. Y eso que lástima no le tengo casi a nadie, pero me da mucha bronca lo que hacen con Carlos y los muchachos nuevos. Deben tener respeto por la Selección. Resulta que conseguimos la clasificación y somos el peor equipo del mundo. Acá es deporte nacional desprestigiar a los de adentro”.

Así se iba el primer mes del ’86 para una selección golpeada, criticada, pero con los objetivos claros. Los días por venir, no serían mucho más tranquilos. El que la tenía clara era Diego, que entrevistado para la revista “Sólo Fútbol” por el Bambino Pons, dejó una sentencia maravillosa, como si tuviera la bola de cristal, pero que sonaba temeraria en aquel enero: “No tengo dudas que el de México será el Mundial de Argentina y el de Maradona”.

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