
Las estrategias implementadas por Zinedine Zidane y su equipo configuraron un liderazgo innovador y una identidad grupal distintiva. La gestión del entrenador en el Real Madrid se vincula al éxito colectivo y la excelencia futbolística, percepción compartida por los miembros de su cuerpo técnico desde los primeros pasos en el filial hasta alcanzar la cima internacional.
En una conversación para el canal de Hamidou Msaidie en YouTube, tres integrantes del equipo técnico analizaron el valor del trabajo en equipo, la convivencia y el peso del entrenador en la creación de un proyecto exitoso.
“Ese libro que entregamos a los jugadores del filial fue mucho más que un presente, era un recordatorio del espíritu grupal que nos guiaba desde el principio”, afirmó uno de los técnicos durante la charla.

Recordaron diciembre de 2015 en Castilla como el inicio de una etapa grupal que, poco después, los impulsó hasta el primer equipo, manteniendo el mismo nivel de compromiso.
Transición al primer equipo: exigencia y cohesión
El ascenso al primer equipo, en enero de 2016, supuso un incremento de la exigencia, aunque la confianza interna y la conexión del cuerpo técnico permanecieron intactas.
“La transición fue natural; conocías el vestuario, el funcionamiento de los jugadores y había una base de confianza, aunque la responsabilidad aumentó de inmediato”, explicó uno de los asistentes, quien destacó la experiencia previa con el filial como elemento clave para afrontar el reto.
La preparación física y la exigencia diaria resultaron determinantes, especialmente en las primeras semanas tras el salto al primer equipo.

“Tuvimos tres semanas exigentes para recuperar el nivel físico. Hicimos sesiones de fondo, velocidad y resistencia, siempre con balón porque sabíamos que así los jugadores disfrutaban más del esfuerzo”, relató un miembro del cuerpo técnico. La consulta constante con los capitanes reforzó el ambiente colectivo, según detalló el video de YouTube.
Manejo de la presión y mentalidad ganadora
En los momentos difíciles, como las derrotas contra el Atlético de Madrid o el Wolfsburgo, el grupo técnico mantuvo la calma y la constancia.
“Tras el traspié, no cambiamos nuestro enfoque. Nos concentramos en el trabajo diario, evitamos el pánico y mantuvimos el rumbo”, señaló un asistente, quien remarcó la importancia de anticipar, aprender y sostener siempre una mentalidad de mejora.

La motivación y las dinámicas de grupo fueron herramientas decisivas en las finales. “Antes de la final, utilicé un vídeo motivacional inspirado en figuras históricas del baloncesto como Michael Jordan y Magic Johnson para que entendieran que podían formar una dinastía en el fútbol”, compartió un técnico durante la conversación en YouTube. El objetivo era apartar la presión externa y canalizar las energías de los jugadores hacia la meta común.
Rotación y sentido de pertenencia
Las historias sobre la convivencia y la preparación para las finales demuestran la atención al detalle y la flexibilidad de la metodología: cambios en los planes de entrenamiento, alternancia de funciones, análisis individual y la convicción de que todos eran indispensables.
La rotación fue clave, no solo en lo táctico, sino también en la prevención de lesiones y la motivación general. “Nadie sabía el lunes quién jugaría el sábado, y eso elevaba la competitividad en cada entrenamiento”, detalló uno de los asistentes.

El legado humano de Zidane se resume en el valor de la convivencia y la llamada “aventura humana”. “Vivir este camino, compartir la pasión por el fútbol en grupo, crecer junto a otros profesionales y aprender de distintas personalidades es lo que realmente marca”, resumió uno de los participantes.
La charla finalizó destacando el respeto mutuo, la suma de aportaciones y una confianza que se construye día a día. Para los protagonistas, esa búsqueda diaria de armonía y aprendizaje constituye la base de los mayores triunfos.



